El ideal de la política que todavía permanece en el imaginario colectivo es el que aboga por el trabajo en pos de la toma de decisiones para garantizar el bien común en la sociedad. Una concepción que ha quedado un tanto marginada, por no decir enterrada, en los últimos años, donde se ha impuesto el discurso de la confrontación, incluso del odio, que no deja un mínimo espacio para que las formaciones políticas logren puntos de encuentro para solucionar los problemas que afectan a la mayoría de los ciudadanos.
Esta distancia que se ha ido imponiendo entre el rifirrafe político y la realidad social suele estar acompañada de cierta parálisis en la gestión de las distintas administraciones o la demora en proyectos fundamentales para el desarrollo y bienestar general. Ejemplos hay tantos que cada uno puede elegir el que más le afecta. Pero esta semana se ha obrado el milagro -y no es tanta exageración- del consenso, o al menos la predisposición para llegar a un acuerdo en un proyecto de ciudad.
La noticia no es menor y si se confirma ayudará a muchos a recuperar la fe en la política y en los políticos. Que Óscar Puente, exalcalde de Valladolid y ministro de Transportes, y Jesús Julio Carnero, alcalde de la capital, hayan retomado el diálogo, aunque sea epistolar, y coincidan en la urgencia de ejecutar una solución para mejorar la movilidad del tráfico en el entorno de la rotonda de San Agustín supone un giro que hay que aplaudir.
Aunque todavía no hay que lanzar las campanas al vuelo porque este proyecto lleva más de tres décadas sobre la mesa de los responsables municipales, y no se ha ejecutado precisamente por la falta de entendimiento entre las administraciones implicadas. Unos 30 años en los que ha sido imposible consensuar un proyecto y las partidas proporcionales que debían asumir el Gobierno, la Junta y el Ayuntamiento de Valladolid, titulares de las vías que confluyen en esta rotonda. Todo un ejemplo de lo que no debe ser, pero es la política.
Así que una vez encontrado el proyecto de consenso y evaluado el coste del mismo, solo hay que esperar, pero también exigir, que Carnero y Puente, firmen un convenio para su inmediata ejecución. Los vallisoletanos se lo agradecerán y esta nueva infraestructura podría simbolizar la paz entre ambos, pero sobre todo, abriría una vía para que más ciudadanos vuelvan a confiar en sus políticos.