Este artículo se centraba inicialmente en el debate casi perenne sobre la igualdad entre hombres y mujeres, donde las posiciones lejos de acercarse se alejan. Basta con ver las interpretaciones tan dispares que se escuchan últimamente sobre la conveniencia de mantener el Día Internacional de la Mujer. La cita del 8-M es usada por algunos como un arma arrojadiza contra una concepción supremacista del feminismo, que no es la mayoritaria, y así justificar la supuesta discriminación que dicen sufren ahora los hombres. En el erial intelectual que vivimos (tomo el concepto prestado) resulta risible reclamar la 'celebración' de ese día para ellos, cuando el objetivo es precisamente eliminar las desigualdades, no generar nuevas. Igualmente, resultan chirriantes los mensajes que han llevado a una parte de la sociedad a asumir esa premisa como efecto-reacción a los mismos, aunque ambos coinciden en la falta de una argumentación coherente y razonada, pero muy aderezada, eso sí, de eslóganes vacíos.
Pero como digo, el artículo ha mutado gracias a las declaraciones de la ya exdirectora general de Salud Pública de Castilla y León, que ha tenido el cuajo de decir que la pandemia de la covid-19 no fue para tanto. Ya pronóstico que algunos se iban a rasgar las vestiduras. Tremendo. Una falta de respeto a las víctimas y sus familiares, pero también a los que sufren secuelas o covid persistente. Se ve que Sonia Tamames salía poco de su despacho o no revisaba las cifras de pacientes a los que el virus cambió su vida. No hablo de oídas, aunque afortunadamente no estoy entre los casos extremos de covid persistente. Que, por cierto, afecta mayoritariamente a las mujeres, sin que los investigadores hayan encontrado una justificación y muchos consideren necesario aplicar una perspectiva de género para afrontar esta y otras patologías.
Esta polémica sirve de base a la reclamación a las administraciones públicas para que dediquen más recursos a investigar una afección que lastra el día a día de quien la sufren con un cansancio extremo, niebla mental o migrañas crónicas, en el mejor de los casos.
A unos días de celebrarse el quinto aniversario de la declaración del estado de alarma por la pandemia, el gobierno nacional y los autonómicos no pueden dar la espalda al más de un 10% de positivos que sufren esta enfermedad. No se puede, ni debe, obviar porque los propios facultativos reconocen que no saben cómo tratarlos y en qué pueden derivar.