José Antonio de Santiago-Juárez

Frente al diván

José Antonio de Santiago-Juárez


Mudanzas Ferraz

31/01/2025

Supongo que los pulsos otoñales de Luis Tudanca con el aparato -qué fea palabra y cuánto superviviente, maldad e intrigas esconde- de su partido y que tenía claro que iba a perder, no tenían como objetivo el final fúnebre que está viviendo. Seguro que el futuro nos ayudará a comprender mejor por qué ha tirado la toalla y a cambio de qué, además de continuar temporalmente como portavoz del PSOE en las Cortes. Él sabrá y el tiempo nos lo aclarará. Lo que seguro conoce bien es que, en sus circunstancias actuales, los compromisos y las promesas que le hayan hecho no valen un pimiento y cuando, definitivamente, esté fuera, no se comerá un colín. Antes tampoco se había empachado.

Después de 10 años como líder del PSOE de Castilla y León y habiendo sido el único que en unas elecciones autonómicas ha ganado al Partido Popular (en 1983, el zamorano Demetrio Madrid ganó a Alianza Popular sin candidato), y no haberle dejado abandonar el barco, como era su intención, tras su último fracaso electoral autonómico en 2022, ahora le toca salir por la gatera. El mismo día, a más de 7.000 km de distancia, Trudeau, primer ministro de Canadá, después de una década y también por intrigas internas en su partido, decidió dejar la jefatura del mismo y del gobierno, tomando la misma puerta de salida. En absoluto trato de compararles, ni tengo intención de molestar a ninguno de los dos, pero me sirve para reflejar cómo el navajeo en política es un deporte demasiado extendido por todo el mundo y las heridas que producen tienden a supurar y formar cicatrices hipertróficas. 

El forzado cambio de criterio que se ha visto obligado a realizar Tudanca se enmarca, exclusivamente, en el poder especulador del presidente Sánchez para mantener el control interno del partido, reforzar su liderazgo y mantenerse en La Moncloa. A él le sobran todos y lo único pretende es que todo gire a su servicio. Esto explica el movimiento de peones-ministros por el territorio nacional para intentar recuperar el poder que perdió bruscamente en las últimas elecciones municipales y autonómicas de 2023. Aunque la mayor preocupación de Ferraz y La Moncloa, por población, son Madrid y Andalucía, Tudanca, un sanchista de pro desde el inicio de los tiempos, ha entrado en la timba como un pichón sin apoyos y con muchos tahúres con ganas de despellejarle. Curiosamente, algunos de estos burlangas de ventaja son los mismos que los que hace 10 años hicieron lo propio para que él ocupase la Secretaría General del PSOE autonómico. La vida tiende a repetirse y, si las cartas están marcadas, lo hace con más intensidad.

Tudanca, a lo largo de su década de mandato, ha conseguido imprimir un chute de autoestima temporal y unir un partido que había recibido roto, como el que ahora deja él. Sus mayores desatinos han sido no saber, no querer o no poder distanciarse con claridad y contundencia de las políticas privilegiadas de Sánchez para los independentistas catalanes, que tanto perjudican a otros territorios, como el nuestro. Fin de ciclo, empieza la mudanza de Ferraz, a recoger cajas.
Con el alcalde de Soria, Carlos Martínez, el PSOE de nuestra Comunidad comienza una nueva etapa. Algunos afean que este cambio se haya producido sin primarias y fruto del dedo divino. Nadie cree en ellas, salvo que se realicen de forma poco limpias y fraudulentas. En esta tierra tenemos varios ejemplos que es más sano olvidar…

Si algo ha demostrado Carlos Martínez es que sabe ganar elecciones con mayoría absoluta, el mejor aval de un candidato. Lo ha logrado en cuatro ocasiones en el Ayuntamiento de Soria que, hasta donde llegan mis conocimientos de geopolítica, no es el cinturón rojo de Madrid. También es cierto que el PP de Soria, desde hace mucho tiempo, no es el bloque compacto del Madrid de Ancelotti. Conocí a Carlos en su etapa de procurador en las Cortes y en algunos de sus primeros mandatos como alcalde. Personalmente, me pareció un buen tipo, nada estridente, a quien le gustaba buscar acuerdos (lo que debería hacer estudiar al PP el ofrecimiento de pactar los presupuestos) y muy respetuoso con la palabra dada, algo nada fácil de encontrar en estos tiempos políticos. Con estas características, si perduran, me creo, como ha dicho él, que «no es sanchista». Tampoco seguidor del Che Guevara, aunque dicen que en su despacho tiene una foto del revolucionario argentino, que yo no recuerdo haber visto. También Valladolid tiene una calle dedicada al Che y no veo a los pucelanos haciendo la guerrilla en Bolivia.

Tengo la impresión que esta nueva responsabilidad le ha hecho la misma ilusión que la que le ha hecho hacerse cargo de la Federación andaluza a la vicepresidenta María Jesús Montero: ninguna. Da la impresión que el todopoderoso Sánchez ha tanteado a otros posibles candidatos o candidatas que se han resistido a enfrentarse a este morlaco, que es lo que supone Castilla y León para los socialistas. Esto, unido a que entre las prioridades de Ferraz y La Moncloa nunca ha estado Castilla y León, ha hecho posible lo ocurrido y, aunque sea de rebote, Carlos es el mejor candidato posible del PSOE.

En la presentación de su candidatura a la Secretaría General no estuvo fino. Sobró lo de «Villa y Corte» al referirse a Valladolid y la insinuación de que la Junta solo ha beneficiado a la capital del Pisuerga. Lo primero que debería hacer es reflexionar sobre lo que llevan haciendo mal tantos años, para que les haya ido tan mal en esta tierra. Pero por favor, no culpen a los votantes y no alimenten la xenofobia provincial. Suerte.