Hay personas que tienen una gran autoridad intelectual porque la han demostrado con su trayectoria profesional y con su carisma. En esta categoría está José Carlos Pastor, catedrático emérito y fundador del reconocido Instituto Universitario de Oftalmobiología Aplicada (IOBA). Un hombre de ciencia y de vanguardia, pues consiguió relanzar la investigación en Oftalmología en nuestro país, siendo pionero y artífice del éxito de un proyecto médico conocido mundialmente. Si hay una figura que es 'marca Valladolid' y, cómo no, 'marca Castila y León', ese es el profesor José Carlos Pastor. Un símbolo de prestigio para esta tierra. Aunque, sin duda alguna, su autoridad intelectual y científica no hace más que crecer gracias a su autoridad moral. La autoridad que tienen los que sirven a los demás, hasta el final de sus días. Pastor sufre un cáncer con metástasis en fase terminal sobre el que está poniendo el foco, a través del modo en cómo lo afronta (podía haber optado por quedarse postrado en una cama, sin más). Y este foco refleja su propia luz. No todas las personas tienen autenticidad y tampoco todas saben transmitirla correctamente. José Carlos Pastor aúpa nuestra moral con cada una de sus publicaciones en redes sociales. Ha decidido contar que vivir siempre merece la pena y que hay que luchar, todos los días, para defender la vida. Y hacerlo aceptando la enfermedad, claro, pero sin permitir que el cáncer cambie tu esencia. Tener luz y saber comunicarla, ¡casi nada! Es valiente, rebosa dignidad y su sentido de la generosidad es real. Y práctico, porque está ayudando a muchas personas a sentir consuelo, a apreciar más lo importante y a orientar su propio dolor. Sigue moviendo las piernas en su ejercitador de pedales, sigue queriendo observar cómo van cambiando las hojas del árbol de su jardín, mientras mantiene una actitud ilusionante, pese a lo que está padeciendo. Dice y hace, de ahí su maestría. Alguien con una vocación de educar, nunca termina de enseñárnoslo todo. Lo lleva en la sangre. Esa pasión hacia el bien común persiste cuando es el amor el que ha movido -y mueve- cada uno de nuestros pasos.
La figura de José Carlos Pastor es un manual sobre el liderazgo auténtico. La autenticidad que defiendo es la capacidad de actuar con firmeza, pasión y compasión (empatía activa) y creo que su templanza, sus méritos y su sentido social son un ejemplo nítido sobre ello. Su éxito profesional no era más que la antesala de su humanidad, a la que pocos llegan de forma sublime, convirtiéndola en el verdadero propósito de vida. Nos muestra las heridas de sus intervenciones quirúrgicas, el esfuerzo titánico para subir los escalones, cómo contempla las pequeñas cosas cotidianas (que antes, casi, desconocía por el ritmo frenético de su profesión), la fidelidad de su perro Gos, los detalles que le envían sus discípulos y el amor de su familia como aprendizaje de lo esencial. Creo que su insistencia porque le recordemos sonriendo, llenando espacios con su sentido del humor y con su humildad, no están siendo en balde. A esto se le llama honor. Ha contribuido a la excelencia científica y no está dejando de ser excelente en lo humano, que es lo más difícil. No es la primera persona a la que veo hacer algo similar, pero no deja de impresionarme. Así es y así se comporta el maestro José Carlos Pastor. Aunque él reconoce que sus ironías pueden pecar de ser demasiado ácidas, a mí me parece que sus palabras están repletas de ternura. Y la ternura es una herramienta comunicativa poderosa. Porque se mete en el corazón de muchos y de ahí ya no sale jamás. Mantenerse fiel a uno mismo y seguir luchando -como Sísifo-, contra viento y marea, lo es todo para una vida. Supongo que eso es trascender, dejar huella y convertirte, por derecho propio, en un líder. Los líderes no comparten el sufrimiento sin más, lo que están compartiendo es la esperanza para todos. Y qué bien resuena esa esperanza en la campana que toca, con entusiasmo y serenidad, cuando llega a casa, después de un tiempo en el hospital. Es el sonido de la victoria, aunque no lo parezca. La victoria de los guerreros samuráis -que tanto le gustan-, guiados por un código de integridad y de conducta. De hecho, samurái significa «aquellos que sirven». Aquellos que sirven con valor, coraje, sentido de la justicia, nobleza, disciplina y fortaleza interior. Esta es su gran victoria. Y es absolutamente admirable. Siempre permanecerán en la memoria colectiva, los que sirven hasta el final. GRACIAS, José Carlos Pastor, por lo que nos estás enseñando, por tu servicio a la ciudadanía como profesor, como científico y como persona. Tu liderazgo es ya imborrable.