Salir del ruido y la alegría, un tanto cara y fingida, de las fiestas navideñas y asomarse a la claraboya de enero para intentar pronosticar el porvenir que nos depararán los 12 meses que tenemos por delante, da mucha pereza. Todo indica que 2025 no será mejor que el pasado. Es evidente que no me he levantado optimista, pero caer en el pesimismo con lo que parece que se nos viene encima es normal. Hemos dejado atrás un año Diógenes y no termino de ver que la situación española vaya a ser capaz de retirar y transformar tanta basura. Además, nuestra clase política no parece tener ninguna voluntad de que la situación mejore o, simplemente, cambie. Parecen cómodos en sus trincheras.
De nuevo, iniciamos el año sin Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno, mariposeando con la defensa y los móviles del Fiscal General y entretenido con la caza de bulos y noticias falsas, ni siquiera ha presentado el proyecto en el Congreso de los Diputados como mandata la Constitución, en un nuevo ejercicio de desprecio institucional. Desde el 1 de enero, la Administración está funcionando con una prórroga de los presupuestos de 2023, los cuales fueron aprobados por un arco parlamentario que nada tiene que ver con el actual. Da igual, esto empieza a ser un clásico que últimamente se produce con demasiada frecuencia y parece que a nadie le preocupa. Eso sí, ningún miembro del Gobierno se priva de anunciar nuevas inversiones, nuevos proyectos y planes sin la necesaria dotación económica. Alguien debería recordarles que nada es gratis y que el presupuesto es la principal herramienta política de una administración para alcanzar sus objetivos, aunque este sea que «el puto amo» continúe hasta 2027 «sudando la camiseta» en La Moncloa, mientras una parte importante de la sociedad española suda tinta china para llegar a fin de mes, y todo a pesar del «prometedor comportamiento de la economía española».
Desde mi atalaya de este primer mes del año, a pesar de las nieblas y las nubes de virus respiratorios, alcanzo a ver que, en el próximo otoño, las ayudas a los afectados por la dana todavía no habrán llegado al 100% y la normalidad en la zona no se habrá restablecido. Ojalá me equivoque, pero la termita de la burocracia invade a todas las administraciones y el lodo del olvido tiende a invadir la memoria.
Mazón seguirá disfrutando, un día sí y otro también, de manifestaciones solicitando su dimisión y escondiendo la factura de la famosa comida en El Ventorro que es, sin duda, la cuestión menos relevante de este suceso. En la actualidad, él es el mayor lastre para Feijóo quien, aunque lo niega, seguro que desea su dimisión más que el pueblo valenciano. Veremos cuál es el final de esta historia. Desde este ventanuco invernal no puedo decir que me guste la orina del enfermo.
A lo largo del año, la crisis climática seguirá produciendo fenómenos meteorológicos extremos. El calentamiento global del planeta y el enfriamiento del corazón de los humanos respecto al medio ambiente, forzará a la naturaleza a seguir provocando destrucción y muerte. Según distintos informes, el año pasado, España tuvo 30 días adicionales de calor peligroso tanto para la salud humana como para los ecosistemas. Pero nosotros a lo nuestro, aunque no sepamos en qué consiste exactamente.
En primavera, a pesar del optimismo casi patológico del presidente Sánchez y la más que probable e indigna foto con Puigdemont, seguiremos sin presupuestos. No habrá adelanto electoral, ni amago de renuncia como en abril de 2024, ni moción de censura, ni moción de confianza. Continuaremos sin una agenda política sensata y coherente que busque soluciones al problema de la vivienda, facilite la emancipación de nuestros jóvenes y frene el deterioro del Sistema Nacional de Salud. Para esas fechas, el muro que anunció el presidente en su investidura habrá crecido y cogido grosor, lo que deteriorará aún más los niveles de convivencia y facilitará que la polarización de una sociedad desengañada alcance extremos inimaginables, impulsando el crecimiento de VOX. Entretanto, Sánchez amenaza con una vuelta de la dictadura.
Mientras los dos grandes partidos son incapaces de alcanzar un pacto de Estado sobre inmigración irregular, seguirán muriendo 30 inmigrantes al día por las rutas hacia España (un incremento del 58% respecto al año anterior). Demasiado blandito ha sido en sus críticas al Gobierno de España y al Partido Popular, el abandonado y empequeñecido presidente canario, Fernando Clavijo, por la incapacidad de resolver este drama humano. Da la impresión de que Sánchez dedica más esfuerzo al impulso de los 100 actos en 2025 para recordar el quincuagésimo aniversario de la muerte de Franco, a quien tendremos hasta en la sopa. Qué obsesión por alargar la sombra del pasado. No iré a ninguno, tampoco desfilé, en su momento, ante el féretro y nunca he exclamado «no pasarán». No me echarán en falta.
Cuando volvamos a tener en la mesa el mazapán, los polvorones y el turrón, ya sabremos si la amnistía es o no constitucional, y estaremos empachados de minimizar los informes de la UCO y de la escandalosa y pantanosa agenda judicial que salpica al Gobierno y a su entorno, que irá a más y ocupará todo el año. Afortunadamente en esas fechas, el 24 de diciembre, podremos escuchar un nuevo discurso del Rey que, conectando con el sentir de la sociedad, apelará al diálogo, al acuerdo, a la moderación, al bien común y a la Constitución. Hagámosle caso, en este momento la Corona es la única institución que tiene credibilidad. Desde la claraboya noto que fuera caen chuzos de punta, pero el futuro es helador.