Juan García Gallardo, presentado como nueva promesa de la política, candidato de Vox a la presidencia de Castilla y León que se quedó en vicepresidente, ha abandonado la política acusando a la dirección de su hasta ahora partido de injerencias y falta de pluralidad.
Fórmula que habitual también en otros casos, y que con frecuencia oculta la razón verdadera: el saliente no ha visto cumplidas sus expectativas. Quizá la excepción, en Vox, fueron Iván Espinosa de los Monteros y Macarena Olona, que se convirtieron en las principales figuras de Vox y tuvieron proyección nacional. Abandonaron el partido en distintas fechas pero por la misma razón: promoción de personas de trayectoria oscura, clara mediocridad e imposición de políticas no aceptables.
Con el tiempo, la mayoría de los partidos que nacieron en los últimos veinte años han desaparecido como el humo. Los más destacados, la UPyD de Rosa Díez y Ciudadanos; sin olvidar el deterioro que sufren actualmente siglas de extrema izquierda que surgieron como hongos tras el éxito de Podemos en unas elecciones europeas que sirvieron de catapulta nacional a Pablo Iglesias y al equipo fundador. El éxito fue rotundo y llegaron al gobierno de la mano de Pedro Sánchez a través de una coalición que acabó como el rosario de la aurora. Se marchó Iglesias humillado con Isabel Ayuso, Sánchez hizo vicepresidenta a Yolanda Díaz sin sospechar su nadería, la creación de Sumar acabó destrozando a la izquierda más radical… la historia es bien conocida.
En España las coaliciones han sido desastrosas, tanto las del gobierno central como las de gobiernos regionales y municipales. Lo que demuestra que a pesar de que hoy el PSOE ha llevado a Moncloa el gobierno más cuestionado de la historia de la democracia, y a pesar de que el papel del PP como líder de la oposición es manifiestamente mejorable -aunque nunca ha caído en las bajezas del PSOE sanchista-, el futuro de España al menos durante un tiempo seguirá pivotando en torno a los dos partidos que se hicieron fuertes durante la Transición. Partidos de gobierno.
¿Qué ha fallado en los partidos de nuevo cuño? En la izquierda comunista, la incapacidad de mantener el espíritu y el proyecto del viejo PCE, que demostró que se podía ser patriota desde la izquierda democrática. En los partidos nuevos, fallaron las ambiciones personales y considerar la política como una aventura, sin tener en cuenta cuánto tiene de compromiso y de generosidad. Por no mencionar la bisoñez que ha caracterizado a algunas de las siglas. Y así les ha ido.
Que se debilite la sopa de letras que tanto daño ha hecho y se vuelva a media docena de partidos con líderes, proyectos y equipos sólidos, no es mala noticia. Sería aún mejor si desaparecen definitivamente del mapa personajes que hoy tienen mucho mando y están hundiendo a España y a los españoles. Personajes que no considera las coaliciones como una fórmula de estabilidad, sino de mantenerse indefinidamente en el poder.