Ignacio Fernández

Ignacio Fernández

Periodista


Hacer agua

27/03/2025

Cuando bajaron las aguas y Noé comprobó que la tierra era habitable de nuevo, la Biblia dice que comenzó un tiempo nuevo. Me temo que, durante estos últimos 8.000 años, no hemos aprendido nada, porque, cuando pase este severísimo episodio de lluvias de esta primavera, la noria girará por donde solía: bronca entre administraciones y ninguna acción concreta.

El agua sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la sociedad española y de nuestra democracia. Es un problema social porque seguimos sin darle la importancia que merece el simple hecho de abrir el grifo, aunque es cierto que hemos avanzado mucho. Y lo es también del sistema, porque el mecanismo de las autonomías sigue sin contar con un procedimiento coordinador que unifique las políticas sobre el agua.

Cuando pase la tormenta, seguiremos enfrentándonos a los retrasos burocráticos, la escasez de obras y proyectos, las exageradas trabas medioambientales y la falta de conciencia sobre los trasvases entre cuencas y la optimización de los recursos para que no se pierdan.

Y la falta de debate. Un ejemplo claro es Castrovido, con retrasos interminables, un coste quintuplicado y sin fecha aún para su plena operatividad. Ahora se habla de 2027, pero con un nivel de certeza demasiado impreciso. Y esto es posible porque asumimos el retraso como algo tolerable y porque no le damos la suficiente importancia a la culminación de las obras hidráulicas.

Estos días de lluvias han evidenciado que las obras realizadas han sido útiles. Y mientras tanto, como es habitual, los debates siguen derivando hacia asuntos triviales o de poca trascendencia, mientras este tema sigue siendo una interpelación constante a la sociedad española. ¿Pedagogía? De pacotilla. ¿Prioridad? Hasta que se nos olvide el episodio.

Y luego están las famosas restricciones al consumo: como ya no truena, pues Santa Bárbara al olvido, y los planes de eficiencia en el consumo, las obras para evitar las cuantiosas pérdidas de suministro en las redes y, en general, esa atávica idea de que el agua es gratis, pasarán a mejor vida. Recetémonos estos días una amena charla con un agricultor de secano para curarnos de esa percepción errónea y darnos cuenta de lo que vale un peine.