Una familia hostelera en La Rondilla

M.B.
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Fernando Vallecillo, Mar Sáez y Jairo Vallecillo nos abren las puertas de Brasería Ruth, un local con 47 años de historia, los 15 últimos de su mano

Jairo Vallecillo, en Brasería Ruth. - Foto: Jonathan Tajes

Aquí se habla y se respira hostelería por los cuatro costados. Hoy con Brasería Ruth, pero no hace muchos años con el Donosti, el Polachini, Burguer Rondilla, Mesón Mariano o Mesón Cruz Mar. Hoy en uno de los establecimientos con los que arrancó parte de la historia de esta familia. Porque precisamente ahora que está tan en boca la palabra familia, en Brasería Ruth manda una familia hostelera.

El establecimiento en el que se encuentran abrió sus puertas hace 47 años. Lo hizo de la mano de Tina Casado y con el nombre de una de sus hijas, Ruth, por nacer el día que adquirían el local. Tina se puso al frente junto a otra de sus hijas, Mar, y un hermano. Hoy mandan Mar, junto a su marido, Fernando Vallecillo, y el hijo de ambos, Jairo.

Precisamente Fernando da más sentido a lo de familia hostelera por su currículo. Porque después de ser cisquero en su Urueña natal, se vino a Valladolid y comenzó su andadura en el sector. Primero con el Mesón Cruz Mar, en el mercado de La Rondilla, y luego con el Mariano. Entre ambos estuvo 6-7 años, aunque donde más tiempo 'aguantó' fue en el Donosti (un par de décadas). En todos el denominador común era ser un bar de tapas, el clásico de barrio. Entre medias también comandó el Polachini y el Burguer Rondilla, antes de lanzarse a la zona de la Universidad. Tras ello, volvió a 'casa', a La Rondilla, a un local que era de sobra conocido y de la familia.

De esto último hace ya 15 años y aquí, en Brasería Ruth, en la calle Alberto Fernández, 4, han dado un paso adelante. Porque lo que comenzó como otro bar de tapas, pasó a ser poco después un bar con cocina, parrilla y productos de casquería y de temporada. Un local de gastronomía casera. «Con nosotros trabaja desde los inicios en cocina Tere Santos, que es de Zamora, y por ella es el tema de la casquería», reconoce Jairo.

Brasería Ruth es un local de chateo y de parroquianos de la zona por el día. Aquí se conocen todos, por nombre y por lo que beben. «Buenas, ¿una caña?», es el saludo habitual... o «¿un vino?». Por las noches se transforma: «El 80 por ciento de nuestros clientes son de La Rondilla, es gente que se reúne después de la jornada laboral y se vienen a cenar o a tomar algo».

Y para ellos, hace unos diez años, y tras una reforma, apostaron por la cocina y empezaron a ofertar pinchos morunos (al estilo de los archiconocidos de Zamora), por 9,5 euros; añadiendo luego los de pollo (9,5 euros) y más tarde los de lechazo (11,9). Para ellos cuentan con una parrilla de piedra volcánica. Compran la carne, la trocean, adoban en el caso que sea y ensartan. Pero no es lo único que ofertan. Porque, aunque la carta no es excesivamente larga, no faltan productos de casquería, como la oreja, guisada o rebozada; los callos o las crestas de gallo. La patata es otro de los básicos del bar, en este caso con pimentón; así como sus tortillas de patatas o sus croquetas caseras (más bien croquetones) de jamón. «También tenemos productos de temporada, como pimientos asados, ensaladas de tomates, alcachofas confitadas...; o fueras de carta, como pincho de pulpo este fin de semana pasado o cangrejos o zamburiñas a la plancha o carrilleras», añade Jairo. Y siempre con producto de cercanía, como las patatas de Simancas, los huevos de Vallelado, la fruta del barrio y la carne y casquería de Alfonso Santos, en Las Batallas. Con una terraza con doce mesas –que en su día fue mucho más amplia– y una capacidad en su interior para unos 40 comensales, abren todos los días (menos los miércoles) de 9.30 a cierre (cocina solo hasta las 16.00 y luego de 19.00 a 23.00).