El término cohousing, importado del inglés, se ha generalizado en España para denominar nuevas variantes de convivencia. El sistema, que nació en Dinamarca en los años 60, combina soluciones arquitectónicas con los principios de vida comunitaria, cooperativismo y propiedad colectiva. En Valladolid, ya hay varias promociones de viviendas colaborativas (cohousing). Una opción que se ha generalizado como alternativa residencial para personas mayores, pero que ahora se reenfoca para facilitar la emancipación de los jóvenes.
Las administraciones públicas han incluido este modelo en sus planes de acción y, ahora, el Ayuntamiento de la capital le introduce una variante social. Desde el Consistorio se anuncia la puesta en marcha de un acuerdo colaboración con la asociación Realidades, que contará con una partida de 40.000 euros, para poner en marcha el cohousing inclusivo.
Se trata de un modelo de convivencia, dirigido a personas en situación de exclusión residencial, entre las que están las personas sin hogar. Una propuesta de la que se informará en la Mesa de Personas sin Hogar, que se ha convocado para el 8 de abril. El concejal de Familia y Servicios Sociales, Rodrigo Nieto, informará a los integrantes de los detalles para que puedan sumar usuarios al proyecto.
Un requisito básico es que estas personas tengan unos ingresos económicos mínimos, para que puedan tener «estabilidad y autonomía para afrontar los gastos de una vivienda», se apunta desde la asociación. Un perfil que normalmente se encuentra entre los usuarios del albergue municipal, aunque necesitan un reciclaje «porque los procesos de institucionalización más o menos crónicos que merman su autonomía». «Con este proyecto se busca que puedan empezar a vivir de forma autónoma, que tengan autonomía personal para el desempeño de las actividades de la vida diaria e ingresos estables, así como capacidad para afrontar un proyecto de convivencia entre iguales», detalla el concejal de Familia y Servicios Sociales, Rodrigo Nieto.
Esta propuesta, enmarcada dentro del primer plan de inclusión social municipal, contempla la creación de unidades de convivencia, de entre tres y cuatro personas, que pasarán a compartir una vivienda que gestionarán con la asociación. La Concejalía de Familia y Servicios Sociales, junto con la Fundación Intras, que gestiona el albergue municipal, y los equipos de calle de Cruz Roja, ya han seleccionado a los primeros 15 beneficiarios. Estas personas iniciarán en mayo el recorrido para poder salir de vivir en la calle a convivir en un hogar con otras en situación similar después de realizar un curso de formación.
Un itinerario que tiene muy definido la asociación Realidades, que cuenta con una experiencia de unas tres décadas en este tipo de alternativas dirigidas a personas en situación de exclusión residencial. Ya la ha desarrollado en Madrid o Sevilla, y ahora se pretende trasladar a Valladolid. «Se basa en la creación de unidades de convivencia en las que un pequeño grupo de personas puedan compartir una vivienda a largo plazo», reitera Nieto.
La Concejalía está comenzando a implementar este modelo, pionero en Castilla y León, con la puesta en marcha del primero de los talleres formativos el 7 de mayo. Este será el punto de partida para definir los grupos que vayan a convivir en una vivienda. El taller durará siete semanas y formará a los 15 participantes para dar el salto a convivir en una vivienda. «El número de unidades de convivencia que se ponga en marcha no está definido, dependerá del número de personas que entren en el programa», apunta Nieto. De hecho, ya hay otros 15 seleccionados para los dos próximos talleres.
Uno de los primeros pasos es asegurar la «compatibilidad» de los futuros compañeros de piso. También se analiza su estabilidad económica, ya sea porque tienen un trabajo o porque reciben un prestación social estable. Y luego se les exige un compromiso personal para garantizar el pago de una parte del alquiler social y de los gastos.
Otros programas
Por su parte, La Cruz Roja atendió a 541 personas sin hogar a través de su programa de atención integral, financiado por el gobierno regional. La mayoría son hombres, aunque la Ong confirma un rejuvenecimiento del colectivo, que ha crecido en el tramo de 19 a 25 años, según confirma la responsable del programa, Magdalena Palomo.
El perfil de la persona sin techo en Valladolid es un hombre de mediana edad, con estudios primarios, con un reparto muy igual entre nacionales y extranjeros, incluyendo búlgaros y rumanos.
A través de este programa, Cruz Roja trabaja, en colaboración con el resto de entidades sociales y las administraciones públicas, en el fomento de la autonomía e independencia de este colectivo con un servicio de acogida y acompañamiento social diurno y nocturno, este último a través de la Unidad de Emergencia Social (UES). «Nos acercamos a las personas en su entorno para que se incorporen a esta red, pero cada vez se alargan más los procesos para salir de la calle por la precarización de los trabajos y las dificultades de acceso a una vivienda, pero también a una habitación», apunta.
La entidad tiene un servicio de acogida y acompañamiento social diurno y una unidad de emergencia social (UES) que presta un servicio nocturno a pie de calle donde se atiende a la población sin hogar.
Una sede provisional
Cáritas Diocesana de Valladolid atendió el año pasado a 530 personas en Valladolid. La mayoría pasó por el centro de día de la calle José María Lacort, que ahora se ha trasladado provisionalmente al paseo Ribera de Castilla sin número (Seminario) hasta que concluya la reforma de las instalaciones del centro. Cáritas reubicará aquí sus servicios, además del centro de día, que contará con un espacio ampliado «para atender de forma integral a las personas sin hogar». Asimismo, la organización cuenta con otro centro de día, el de La Milagrosa, con capacidad para 30 usuarios. Un espacio, de carácter cerrados, al que se derivada a las personas previamente atendidas en José María Lacort que necesitan de un plan de intervención. La mayoría de estos usuarios tiene problemas graves de salud mental.
El perfil de los usuarios atendidos se diferencia de los de Cruz Roja por los servicios que se ofrecen, que incluyen desayuno, ducha, lavandería, consigna, ropero de urgencia y peluquería. El 88% fueron hombres y el 12% mujeres, aunque este grupo está creciendo significativamente. El 32% de los atendidos eran españoles y el resto extranjeros de 37 nacionalidades, con mayoría de marroquíes, venezolanos, colombianos, búlgaros y rumanos.