Años en Valladolid: 21
Profesión: Autónoma hostelera
Comida y bebida favorita: Pulpo y vino tinto
Rincón favorito: Entorno natural de sotoverde (arroyo)
Elisabeth Jiménez Poma, Eli (Loja, Ecuador, 1985), no para. Tiene un bar en La Victoria, en la plaza de la Solidaridad, desde que hace dos años y dos meses tomó «la mejor decisión laboral» de su vida al comprárselo al que fuera su jefe, tras haber trabajado allí como asalariada. Siempre tiene gente y el nombre del establecimiento, Jaleo, no puede ser más oportuno en vistas de cómo se pone sobre todo los fines de semana a la hora del vermú, cuando se llena a reventar de parroquianos del barrio a los que maneja como si ella misma fuera de allí desde siempre. Los tiene 'comprados' con un tapeo sencillo pero amplio y generoso que también prepara ella a diario, y aún le queda tiempo para sacar adelante sola a sus dos hijas, de 16 y 12 años, aunque hace sólo unos días que por fin se ha decidido a incorporar a un joven peruano. «Lo tengo con todo en regla y con un contrato de 40 horas», subraya. «No voy a hacerle la faena que no me gustó nada que me hicieran a mí», por etapas pasadas en las que, siendo asalariada en otros bares y restaurantes, «pedían implicación y luego no pagaban todo lo que se trabajaba». Pero ahora la jefa es ella; y sí, difícilmente podría estar más integrada en la ciudad.
A España llegó hace ya 22 años, en 2003, un mes antes de cumplir los 18. Cuenta que en Ecuador estaba «bien», alternando Bachillerato con un trabajo en un almacén comercial, pero que tuvo que dejar los estudios y venirse porque «necesitaba ganar más» para afrontar sobregastos por la enfermedad de un familiar.
Tenía una hermana en Murcia que le prestó dinero para el viaje y allí se fue, pero sólo por unos meses. «La única opción que veía para trabajar era en el campo», no le gustaba y se quedó lo justo para «saldar la deuda» y venirse a esta ciudad porque «dos conocidas» le dijeron que aquí encontraría alternativas. «Limpiando casas y cuidando niños» pudo pagarles por una habitación e iniciar su nueva vida.
En una situación de clara vulnerabilidad, sin papeles y con la mayoría de edad cumplida pocos meses antes, salió así del paso hasta legalizar su estancia en 2004. Y todavía le quedan arrestos para valorar que pudo disfrutar de la libertad de «salir por ahí tan joven» sin horarios de vuelta a casa. «También tuve suerte de encontrarme con gente maja y amable» que, en su opinión, es «lo mejor que tiene esta ciudad». ¿Pero qué hay del tópico 'carácter seco' de los vallisoletanos? «No sé, a mí siempre me trataron muy bien y me he llevado bien con todos», responde; tal vez con la excepción de su ex... «Igual también depende de cómo trates tú a la gente», añade. Y por supuesto, convencida de seguir en la que ya es su ciudad.