Se descabalgó el Atlético. Le colgaron cartel de candidato por aquello de haber engordado el vestuario con jugadores de primer nivel, pero finalmente se ha caído. Hay algo llamado 'plantilla' y algo llamado 'peso histórico': el cuadro rojiblanco adolece de lo segundo, mientras a Barça y Madrid les sobra. Todos señalábamos a los blancos porque, siendo campeones y habiendo incorporado a Mbappé, merecían boletos en todas las apuestas; pocos lo hacíamos con los azulgrana, que de lo primero andaban justitos por culpa de una situación económica penosa… pero Flick llegó para taparnos la boca. O para abrírnosla, según se mire.
El Barcelona galopa a más de tres goles por partido (ningún equipo en la historia de nuestro fútbol había marcado 139 en sus primeros 45 encuentros del año) y lleva 20 duelos sin derrota en un 2025 maravilloso. Como Induráin en Hautacam, los catalanes meten un ritmo de subida infernal en el que el resto acompaña 20, 40 o 60 minutos. Pero nunca los 90. Y cuando ellos agonizan, él sigue pedaleando… El Girona, equipo aún curioso con reminiscencias de lo que fue en la 23/24, llegó a empatar durante unos minutos y LaLiga se encendió ligeramente, pero, cuando ya no pudo más, los de Flick seguían corriendo. Fue un 4-1, 22 remates contra tres, y otra muesca en el revólver de un equipo voraz y de alegría contagiosa al que ya solo el Madrid aguanta la rueda.
Pegada
Y eso que los merengues siguen ahí, haciendo la 'goma', porque Mbappé tiene pegada y el arbitraje le salió cara. Dos acciones polémicas cayeron de su lado. Dos zarpazos del francés penalizaron a un buen Leganés que volvió a sufrir lo de varios conjuntos a lo largo de la 24/25: uno tiene el fútbol y otro, a la 'bestia' que golea. Crece la sensación de que el equipo juega a poco, pero gana por inercia, por el peso específico individual de cada miembro de la plantilla. Puede que en enfrentamientos así, a pesar de la victoria (otro triunfo de regusto amargo), se explique por qué el Madrid ha fracasado este curso sistemáticamente ante sus 'semejantes'.