Los fumadores más jóvenes se reducen a la mitad en 15 años

Óscar Fraile
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El tramo de edad de entre 15 y 24 años es el que ha registrado el mayor descenso de adictos, aunque los expertos alertan de que el cigarrillo se está sustituyendo por los vapeadoresu

Dos personas fumando. - Foto: Francisco Romero Reyes Martínez

España es, desde hace muchos años, uno de los países con mayor nivel de tabaquismo de la Unión Europea. Una situación que es imposible de revertir a corto plazo, pues confluyen en ella aspectos culturales que están muy arraigados en la población. El cigarro con la caña. El pitillo después de comer. Y varias generaciones que crecieron viendo a los galanes de Hollywood con el cigarrillo entre los labios hasta convertirlo en un signo de elegancia. Y de liberación femenina, en algunos momentos de la historia.

Conscientes de ello, las administraciones comenzaron hace algunas décadas una lucha a largo plazo contra el humo que hoy empieza a dar resultados. Iniciativas que van desde las campañas de concienciación e información a la restricción de consumo en muchos espacios, pasando por la prohibición de la publicidad, incremento de las multas y aumento de los precios mediante una mayor presión fiscal.

Buena parte de esas campañas antitabaco han ido destinadas a la población más joven para evitar que los potenciales fumadores del futuro cayeran en las garras de la nicotina. Y los resultados demuestran su eficacia. Valladolid ha registrado un descenso de consumo continuado durante las dos últimas décadas, pero esta caída es mucho más acusada entre la población de menos edad. Según los datos de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), los jóvenes que fuman a diario de entre 15 y 24 años en Valladolid han pasado de 12.027 en 2009 a 5.220 el año pasado. Es decir, una bajada del 56,6%. Es el tramo de edad con el descenso más acusado. Es más, el porcentaje de caída es más abultado cuanto más joven es el tramo de edad analizada. Así, entre las personas de entre 25 y 34 años se ha registrado un descenso de fumadores diarios de 49% en los últimos quince años, al pasar de 34.654 a 17.662. Entre los de 35 y 44 años, la bajada ha sido del 47,8% en ese periodo: de 31.348 a 16.385. A partir de ahí, y a medida que sube el tramo analizado, la bajada de fumadores es más moderada. Incluso hay un incremento entre las personas de más edad. Concretamente, el año pasado había en Valladolid 21.890 fumadores de entre 45 y 54 años, un 24,9% menos que hace 15 años, y 13.956 de entre 55 y 64 años, un 2,9% menos.

En cambio, los fumadores de entre 65 y 74 años se han incrementado un 9,8% en este periodo hasta llegar a los 5.825 y los de más de 75 años casi se han duplicado para situarse en 4.205. No obstante, hay que tener en cuenta a la hora de analizar estas cifras el impacto que en estos quince años ha tenido el descenso de población joven en Valladolid y el aumento de la población mayor. La población de entre 15 y 24 años ha bajado un 8,7% entre 2009 y 2022 y la mayor de 64 ha aumentado un 27,7%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Del pitillo al vapeador

Aunque la bajada de fumadores invite al optimismo, los expertos avisan de que no hay que lanzar la campanas al vuelo, porque parte de ese descenso viene dado por el cambio que han hecho muchos jóvenes del cigarrillo a los vapeadores, que son igual de nocivos para la salud. De hecho, la neumóloga del Hospital Universitario Río Hortega Tania Álvaro, responsable de la consulta de tabaquismo, sostiene que en la última década no se ha detectado una caída de las patologías asociadas a este hábito. «Al contrario, cada vez hay más cáncer de pulmón y gente joven con infarto agudo de miocardio», explica. Una afirmación que viene avalada por los datos del INE. En 2023 murieron en Valladolid 314 personas por algún tumor de tráquea, bronquios o pulmón, es la segunda cifra más alta de la década previa.

Y no parece que los vapeadores vayan a mejorar esas cifras en el futuro. Las administraciones y los sanitarios han redoblado esfuerzos en los últimos años para incidir en que estos productos no son una alternativa más saludable al tabaco, al contrario de lo que mucha gente piensa. «Es el mayor error, pero el problema es que lo venden así», asegura la neumóloga, que aboga por avanzar en la regulación de estos dispositivos.
Porque, al final, los perjuicios para la salud que provocan cigarrillos y vapeadores son muy similares. «Lo que generan es una inflamación en toda la vía aérea», añade. Ni siquiera los que se venden con líquido sin nicotina se pueden considerar menos lesivos, «porque tienen muchos alcoholes que el organismo no está preparado para inhalar».

Pero lo cierto es que este producto ha calado entre la gente joven y es uno de los factores, puede que no el más importante, para que ahora se vendan menos cigarrillos que nunca. Según los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos, dependiente del Ministerio de Hacienda, el año pasado se vendieron en Valladolid 21,8 millones de cajetillas, un 15% menos que hace una década, menos de la mitad que hace dos décadas y la cifra más baja desde que se empezaron a recoger estos datos a nivel provincial, en el año 2002.

Sanciones en Valladolid

El endurecimiento de la normativa también ha sido clave para reducir el consumo de tabaco. Por ejemplo, la prohibición de fumar en los centros de trabajo en el año 2011 y la entrada en vigor de la denominada Ley Antitabaco en 2006. En base a esta normativa el año pasado se abrieron 101 expedientes en Valladolid y se impusieron 89 sanciones, 82 de ellas leves y siete graves. La más habitual fue por fumar en lugares de especial protección, con 54 casos en los hospitales y tres en centros educativos. Son sitios en los que no se permite ni fumar en el exterior. De hecho, la Policía Municipal denunció esta misma semana a otras cinco personas por hacer lo propio en el Hospital Clínico Universitario. Otras 24 sanciones fueron por fumar en otros lugares donde no está permitido, aunque no tengan especial protección. Cinco más se impusieron a las personas que permitieron fumar en lugares prohibidos, otras dos por carecer de la señalizaciones de prohibido y una más por no disponer del mecanismo de activación o desactivación de la máquina expendedora, según los datos facilitado por la Consejería de Sanidad.

Tania Álvaro considera que es importante aumentar las restricciones para seguir por esta senda y para proteger la salud de la población, también de la que no fuma y tiene que convivir con el humo de los demás en ciertos espacios. «Creo que los productos derivados del tabaco deberían estar sometidos a la misma legislación que los cigarrillos convencionales», finaliza la neumóloga del Río Hortega.